Empezó el Comando con mucha fuerza, nos reunimos, bebimos cañas, bebimos copas, cenamos, unos vinieron otros salieron... Al principio todo eran buenas caras y curiosidad, conocimiento de aquellos que tantas veces habíamos leído, sus caras, sus gestos, sus voces... Desciframos el personaje que nos habíamos creado en nuestra imaginación y claro unos nos gustaron más que otros, algunos incluso nos pudieron defraudar... Luego llegó la época del critiqueo, tan digna, estupenda y divertida, que si éste es un tal y ésta una pascual... Algunos follaron con algunos y otras se ennoviaron con otros (más bien sólo una que encima se buscó un okupa del grupo catalán, de lo más salao, todo hay que decirlo), algunos se sintieron celosos y otros lo miraban todo con complicidad... Y justo, cuando nos empezamos a coger el punto, que empezamos a aceptar los defectos ajenos y a despejar las incógnitas, justo en ese momento, zas! el Comando pierde fuelle...
Esto no puede ser, y parece mentira que sea yo, el más rancio de todos, el que tenga que dar un toque de atención a los señores miembros y llamarlos al orden. Yo comprendo que tenemos todos una vida laboral y social de lo más ajetreada e interesanta, rozando lo divino, pero nuestra capacidad de unión y de fiesta era envidiada por miles, qué digo miles, millares de bloggers del mundo entero. Nuestra forma de hablar a grito pelao, que en lugar de una caña me pongan tres, de forma entrecruzada, despellejando de forma cruel e irónica a todo el que se nos cruzaba por medio se está diluyendo en el tiempo... y hoy para mi sorpresa compruebo que hace casi un mes que nadie se digna a poner unas palabras en éste nuestro espacio.
Señores y Señoras Miembros del Comando, una solución quiero...